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¿Por qué la desesperación de los migrantes supera el miedo a la muerte?

En La Voz de José A. Caraballo

La crisis migratoria de la frontera de Texas con México ha llegado a la capital de Los Estados Unidos. Es inhumano, cruel y abusivo que más de 4,800 personas indocumentadas, que llegaron a la frontera sur, hayan sido mandadas por los gobernadores de Texas y de Arizona en autobuses hacia Washington. Para poder procesar a estos grupos de migrantes, la alcaldesa de Washington pidió que se activara la Guardia Nacional.



Correcta o incorrectamente los conservadores culpan las políticas del presidente Biden como las responsables por esta situación. Ignoran por completo la realidad que se vive en Latinoamérica. Ambos gobernadores de Texas y Arizona estaban furiosos cuando Biden descontinuó una política de Trump, que permitía a la patrulla fronteriza a expulsar hacia México a todos los migrantes que buscaban asilo en la frontera. La Casa Blanca ha criticado como un “truco publicitario y político” este acto cruel, y según una estación de televisión KXAS de Dallas Texas, está costándole a los contribuyentes más de $1,400 por cada pasajero mandado al norte.

La alcaldesa dice “Con las promesas de Texas y Arizona de continuar estas abominables operaciones indefinidamente, la situación es grave y consideramos que se trata de una crisis humanitaria, una que podría abrumar nuestra red de apoyo social sin una intervención federal inmediata y sostenida” A esto el gobernador de Arizona respondió por Twiter “La alcaldesa lamenta los 4 mil migrantes; Arizona tuvo 43 mil detenciones fronterizos solo en el mes de junio.”

El antiinmigrante republicano Ted Cruz de Texas no perdió esta oportunidad para reclamarle a la alcaldesa de Washington preguntándole “¿Como les llamaría a los 3 millones y medio de indocumentados que han cruzado nuestra frontera sur”?

Una de las razones por la cual el gobernador ha mandado a estos inmigrantes a Washington es que es una ciudad santuario liderada por demócratas. Lo más triste de todo esto es, que las posturas racistas y antiinmigrantes del gobernador de Texas posiblemente le ayuden a ser reelecto en noviembre. ¿Cómo nos podemos explicar que decimos ser cristianos y apoyamos prácticas y políticos que promueven el odio, la intolerancia y la falta de compasión? ¿Por qué esta apatía hacia un problema que afecta severamente a nuestra comunidad hispanohablante? ¿Por qué no nos afecta el sufrimiento y la desesperación de nuestros paisanos? ¿Cómo es posible que podamos ver sin sentir nada en las noticias nacionales, nuestros paisanos cruzando el rio, y algunos perdiendo la vida en proceso?

Continuamos nuestras vidas como si nada, vamos a nuestras iglesias como si nada, como si ignorar es- tas injusticias fuera lo normal. Muchos de nosotros que somos ciudadanos, ni siquiera estamos registrados para votar. Muchos residentes que podrían ser ciudadanos y participar en el derecho al voto, ni se preocupan por esto.


Sin embargo, el movimiento racista “maga” de Trump continúa creciendo en popularidad. Mientras no hacemos nada, los de la derecha siguen creciendo en poder político en Texas. Peor aún, muchos hispanos apoyan estos políticos que nos hacen tanto daño.



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